Infancia y
poder: La conformación de la pedagogía moderna.
Mariano
Narodowsky
Infancia y
pedagogía:
La infancia es una producción pedagógica,
a través de la segregación y reintegración de los sentidos.
La producción discursiva de la
pedagogía se destina a la normatividad y a explicar los saberes en el ámbito
educativo escolar. Forma los grupos sociales y humanos a través de la infancia.
“infancia deseada en una sociedad deseada”. La infancia es la fuente de las
preocupaciones teóricas, que abre el camino al recorte de cada aspecto del niño
y en la especialización teórica de cada parte (psicología del niño, pediatría)
Actualmente la infancia está ligada
a la escuela y a la actividad infantil, aquí es donde las disciplinas como la
pedagogía, la psicopedagogía y la didáctica pautan normalidades y patologías;
progresos y regresiones, beneficios y prejuicios en las acciones de los
educadores y en las respuesta de los niños a esas acciones.
La infancia en cuanto a objeto de
estudio tiene dos aspectos: el estudio de niños “la infancia general”, tomada
por la psicología, psicoanálisis y la pediatría, y el estudio de las infancias
integradas, el niño como alumno “infancia escolar” estudiada por la psicología
educacional y la pedagogía.
El niño y el alumno son el mismo
ser, pero epistemológicamente son objetos diferentes: El niño es la base del
alumno.
La niñez es anterior al discurso
pedagógico que se fundamenta en los aportes teóricos de distintas disciplinas
como la historia y la demografía y en distintos aspectos, los psicoevolutivos,
lo socioeconómico y lo antropológico.
Philipp
Aries (1960): La infancia aparece como una construcción, un producto histórico
moderno, que el alumno forma parte de la génesis del niño.
En el SXV, en Europa surge el “sentimiento
de la infancia”. En la Edad Media los niños no se diferenciaban de los adultos,
no eran ni queridos ni odiados; el cuerpo infantil aparece con la modernidad,
debe ser amado y educado dentro de un núcleo de sentimiento y conciencia, la
familia.
Este sentimiento de la infancia
inicia una era de dependencia característica de la niñez, que debe ser
diferente a la de los adultos. Badinter (1981) dice que a su vez surge el amor
maternal, por la necesidad de protección al infante.
Este sentimiento moderno da un
significativo lugar al discurso pedagógico.
Para Aries el nacimiento de la
infancia, de la familia y de la escuela moderna representan procesos paralelos.
La escolarización de la infancia implica la infantibilización de una parte
importante de la sociedad europea a partir del SXVII.
La escuela sólo tiene su razón de
ser a partir del cuerpo infantil, que se define con la escolarización.
Rousseau (1760): el autor en la “Émile
ou de I´enfance” delinea los aspectos de la infancia, “los límites de la niñez
son propios de la niñez y por lo tanto, naturales a su ser”. En la obra se
nombra a la niñez y por lo tanto descubre y normaliza su existencia, por lo
tanto debe ser estudiado. La infancia debe acatar lo propio del cuerpo
infantil: se debe amar, reivindicar, comprender y proteger.
La infancia no es sólo un producto
civilizatorio, sino descubrimiento nominal moderno. Si bien la infancia es
propia de la naturaleza humana, ésta no debe ser contraída por la acción
educativa, sino desplegar aquello que ya posee a través de la propia
experiencia, ya que “la infancia tiene maneras de ver, de pensar, de sentir que
le son propias”.
La mala educación será aquella que
no sabe detectar al niño dentro del niño, la que no reconstruye la infancia
cotidianamente.
La infancia antecede a la adultez,
el niño no es adulto, y su principal carencia es la razón “si los niños entendieran
razones, no tendrían necesidad de ser enseñados”. La capacidad de los niños en
convertirse naturalmente en adulto, significativamente en la capacidad de
aprendizaje. El niño es un ser inacabado que posee capacidad innata de alcanzar
logros superiores, de ser adultos, para alcanzarlo se supone el amparo y la
autoridad adulta para un correcto desarrollo humano, el niño y el adulto se
necesitan el uno al otro.
Esta protección a la infancia,
nombra lo que es propio y ajeno a ella, lo que es necesario y acorde a la edad.
La infancia moderna trae la necesidad de la medición cronológica; en el
discurso pedagógico la edad constituye lo observable y cuantificable, es un
contador de lo normal y lo patológico, correcto o incorrecto, marca los límites
de autonomía y dependencia.
El cuerpo infantil necesita ser
controlado y protegido, por lo tanto estudiado, objetivado, limitado y
analizado.
En “Émile” se pretende demostrar
justamente lo típicamente humano del ser infantil, la infancia es un
presupuesto indiscutible cuya existencia no tiene que ser demostrada, sino
desarrollada.
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