domingo, 6 de julio de 2014

CONFORACIÓN DE LA PEDAGOGÍA MODERNA

Infancia y poder: La conformación de la pedagogía moderna.
Mariano Narodowsky


Infancia y pedagogía:
            La infancia es una producción pedagógica, a través de la segregación y reintegración de los sentidos.
            La producción discursiva de la pedagogía se destina a la normatividad y a explicar los saberes en el ámbito educativo escolar. Forma los grupos sociales y humanos a través de la infancia. “infancia deseada en una sociedad deseada”. La infancia es la fuente de las preocupaciones teóricas, que abre el camino al recorte de cada aspecto del niño y en la especialización teórica de cada parte (psicología del niño, pediatría)
            Actualmente la infancia está ligada a la escuela y a la actividad infantil, aquí es donde las disciplinas como la pedagogía, la psicopedagogía y la didáctica pautan normalidades y patologías; progresos y regresiones, beneficios y prejuicios en las acciones de los educadores y en las respuesta de los niños a esas acciones.
            La infancia en cuanto a objeto de estudio tiene dos aspectos: el estudio de niños “la infancia general”, tomada por la psicología, psicoanálisis y la pediatría, y el estudio de las infancias integradas, el niño como alumno “infancia escolar” estudiada por la psicología educacional y la pedagogía.
            El niño y el alumno son el mismo ser, pero epistemológicamente son objetos diferentes: El niño es la base del alumno.
            La niñez es anterior al discurso pedagógico que se fundamenta en los aportes teóricos de distintas disciplinas como la historia y la demografía y en distintos aspectos, los psicoevolutivos, lo socioeconómico y lo antropológico.
Philipp Aries (1960): La infancia aparece como una construcción, un producto histórico moderno, que el alumno forma parte de la génesis del niño.
            En el SXV, en Europa surge el “sentimiento de la infancia”. En la Edad Media los niños no se diferenciaban de los adultos, no eran ni queridos ni odiados; el cuerpo infantil aparece con la modernidad, debe ser amado y educado dentro de un núcleo de sentimiento y conciencia, la familia.
            Este sentimiento de la infancia inicia una era de dependencia característica de la niñez, que debe ser diferente a la de los adultos. Badinter (1981) dice que a su vez surge el amor maternal, por la necesidad de protección al infante.
            Este sentimiento moderno da un significativo lugar al discurso pedagógico.
            Para Aries el nacimiento de la infancia, de la familia y de la escuela moderna representan procesos paralelos. La escolarización de la infancia implica la infantibilización de una parte importante de la sociedad europea a partir del SXVII.
            La escuela sólo tiene su razón de ser a partir del cuerpo infantil, que se define con la escolarización.
            Rousseau (1760): el autor en la “Émile ou de I´enfance” delinea los aspectos de la infancia, “los límites de la niñez son propios de la niñez y por lo tanto, naturales a su ser”. En la obra se nombra a la niñez y por lo tanto descubre y normaliza su existencia, por lo tanto debe ser estudiado. La infancia debe acatar lo propio del cuerpo infantil: se debe amar, reivindicar, comprender y proteger.
            La infancia no es sólo un producto civilizatorio, sino descubrimiento nominal moderno. Si bien la infancia es propia de la naturaleza humana, ésta no debe ser contraída por la acción educativa, sino desplegar aquello que ya posee a través de la propia experiencia, ya que “la infancia tiene maneras de ver, de pensar, de sentir que le son propias”.
            La mala educación será aquella que no sabe detectar al niño dentro del niño, la que no reconstruye la infancia cotidianamente.
            La infancia antecede a la adultez, el niño no es adulto, y su principal carencia es la razón “si los niños entendieran razones, no tendrían necesidad de ser enseñados”. La capacidad de los niños en convertirse naturalmente en adulto, significativamente en la capacidad de aprendizaje. El niño es un ser inacabado que posee capacidad innata de alcanzar logros superiores, de ser adultos, para alcanzarlo se supone el amparo y la autoridad adulta para un correcto desarrollo humano, el niño y el adulto se necesitan el uno al otro.
            Esta protección a la infancia, nombra lo que es propio y ajeno a ella, lo que es necesario y acorde a la edad. La infancia moderna trae la necesidad de la medición cronológica; en el discurso pedagógico la edad constituye lo observable y cuantificable, es un contador de lo normal y lo patológico, correcto o incorrecto, marca los límites de autonomía y dependencia.
            El cuerpo infantil necesita ser controlado y protegido, por lo tanto estudiado, objetivado, limitado y analizado.
            En “Émile” se pretende demostrar justamente lo típicamente humano del ser infantil, la infancia es un presupuesto indiscutible cuya existencia no tiene que ser demostrada, sino desarrollada.

             

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